Tertulias Sensoriales en Wabi Sabi, las fotos

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Conocimos a Ana una noche que salimos a tomar unos vinos con unos amigos, dando una vuelta y buscando un bar donde resguardarnos del frio y charlar un rato… desde el primer momento íbamos pensando en tomar una copa de tinto, un rioja quizás, qué más daba… y cuánto nos equivocábamos… tras caer en la atracción de las descripciones y las promesas de nuevos sabores, Ana nos abrió una puerta que es peligrosa atravesar, en la que no hay vuelta atrás y donde se empieza a valorar el vino como esa maravilla de la que podemos presumir en este, nuestro país, con motivos de sobra. Tras algunas copas y con un embrujo que nos hizo seguir un rastro dejado por ella, decidimos que esto teníamos que disfrutarlo más y mejor, le propusimos esa misma noche hacer algo en Wabi Sabi, una cata, un contacto como el que habíamos tenido, queríamos una experiencia… y no dudamos un segundo cuando tiempo después, junto a Cata, su compañera de batalla en el mundo de la hostelería, nos hizo la proposición (des)honesta que tenían en mente con las Tertulias Sensoriales.

Varios meses después tuvimos, por fin, las Tertulias Sensoriales en Wabi Sabi. Muchas ganas de que llegara este día, sobre todo porque en parte no sabíamos qué íbamos a encontrarnos, ni a dónde aferrarnos, era una nueva experiencia, donde íbamos a ser los primeros en vivir este evento con los cinco sentidos, era todo un bautizo de honor en nuestro espacio, de mano Ana Gamero y Catalina Vélez, acompañadas por Paco Mallén, nuestro enólogo de referencia y propietario de EL ENOGRAFO  (c/Albuera n° 11, Sevilla). Los preparativos empezaron pronto, había muchos detalles que tener en cuenta y mucho que hacer, para que más tarde cada paso fluyera de forma natural al siguiente y la conexión entre las microexperiencias se correspondieran y se conectaran facilitando la participación, sin romper la cadena de sabores y olores que ya empezaba a tomar forma y a palparse en el ambiente.

Disfrutar del vino, disfrutar con el vino… hablar de lo que nos hace sentir y nos evoca.

No fue una cata convencional, tampoco un recorrido por el proceso de la uva o una clasificación de texturas y olores según la variedad de fruta, la localización de la bodega, o el año de cosecha, ni etiquetas o marcas… fue una zambullida de lleno en las sensaciones que nos transmitía, de los recuerdos que nos evocaba. Una fusión de sensaciones que saltaban de olores a roces y colores, tocándose la punta de los dedos y pasando a llenar de sabor el intercambio de opiniones y los comentarios de los participantes, siempre animados por nuestra sumiller. Fueron cuatro vinos más un cava para finalizar, con maridaje o interactuando con elementos que guardaban relación con el vino, sin formalismos y aportando una perspectiva distinta a una rutina. Un surtido de nubes, piruletas, fruta, regaliz, piedra, seda… en la combinación estuvo el éxito.

Durante toda la experiencia, cabe hacer una mención especial a quien puso la banda sonora a estas Tertulias, Raúl Cardoso, que aferrado a su magnífica guitarra, amansó a las fieras cuando el ambiente lo requería y acompañaba cada sensación con una nota, armonizando el quinto sentido para todos los asistentes. Un lujo que acompañó y guió cada paso dado. También había que recoger cada instante, para plasmar el recuerdo y capturar trazos de todo lo que estábamos viviendo, Marina Ruiz y Ruth Domínguez se encargaron de que pudiéramos tener esa memoria visual, que esperamos ver pronto. También nos acompañó Sevilla Trendy, que siempre nos sorprende llegando a cada rincón de Sevilla y sacando lo mejor de una escena con su buen hacer.

Finalmente, un artista de la cocina, Juanjo López desde Chinkoa, nos sorprendió con un mágnífico surtido de sushi que hizo las delicias de todos, aquellos apasionados de la cocina oriental disfrutaron con las texturas de los diferentes arroces y combinaciones, aquellos que no son devotos de sabores exóticos, aplaudieron ante la capacidad de conquistar los paladares más diversos, disponiendo todo un arsenal de color en breves trozos, acompañados con soja y wasabi. Un magnífico cava sirvió para suavizar y rematar una tarde que se hizo noche y todos nos despedimos con una sensación de haber disfrutado como pocas veces algo tan simple como vino, música y una buena compañía. La combinación Ana/Cata hizo que pareciera fácil… y sencillamente, nos encantó. Sabemos que aquí ha comenzado algo bueno, algo que merece la pena sentir y que le deseamos un largo recorrido, con algunas paradas en Wabi Sabi.

Os dejamos las fotos y esperamos veros en las próximas Tertulias Sensoriales.